Sería tonto pensar que las cosas que vemos y oímos no nos afectan. Todos reconocemos que las buenas canciones, películas y libros enriquecen nuestras vidas. Pueden relajarnos, educarnos o inspirarnos. Evidentemente las imágenes buenas son buenas para nosotros. Por eso no cuesta imaginar que las imágenes malas son malas para nosotros.
Las imágenes también pueden persuadirnos. Las empresas saben que si pueden mostrarte una imagen persuasiva de su producto durante un momento altamente emotivo ésta se quedara en tu subconsciente. Los publicistas son muy buenos en su trabajo, pueden predecir cuánto comprarás de su producto si ves su anuncio. “Reeses Pieces” pagó una enorme suma de dinero para que se mostrara su caramelo en la película “E.T.”, y las ventas de “Reeses Pieces” se dispararon. ¿Por qué? Porque las emociones que nos inspiraba ver a ese niño pequeño alargar su mano hacia el extraterrestre se transfirieron a la imagen del caramelo. Si ver un producto durante una fracción de segundo (aunque éste no sea el centro de la escena) puede afectar nuestro comportamiento, imagina el efecto de una película que mantiene tu atención en la pantalla mediante escenas de sexo explícito durante una hora y media.


